16 de septiembre de 2008

Un inglés con una boca muy grande

Hay indignación social.

En su famosísima obra "La Narración Gráfica", apenas en la Introducción, el mítico Will Eisner cita a Paul Gravett, columnista del London Daily Telegraph, cuando dice:

"No parece haber límite a las ambiciones del cómic... Los acostumbrados a escudriñar columnas de textos tienen dificultades para asimilar los caprichosos globos de diálogos de los cómics mientras saltan de imagen en imagen. Pero a la nueva juventud educada con la televisión, los ordenadores y los videojuegos, procesar información verbal y visual en varios niveles y al mismo tiempo les parece no sólo natural, sino preferible".

Caramba, míster Gravett. ¿Acaso trata usted de decirnos, implícitamente, que el lector de historietas ha alcanzado un mayor nivel de comprensión, al ser capaz de interpretar texto e imagen simultáneamente? ¿Intenta usted hacernos creer que el cómic comporta, intelectualmente hablando, un reto aún más complejo del que representa el cine y la literatura? Yo, en su lugar, me lo pensaría dos veces antes de hacer tales afirmaciones, pues estas serían en extremo hostiles hacia los medios convencionales, y todos lo tenemos por un hombre bastante juicioso. Ay de usted, si se empeña en reafirmar su posición.

Ahora, sólo falta que defienda la superioridad del noveno arte. Eso sí que sería impensable. Más aún: sería tan arriesgado como sugerir que los más intransigentes consumidores de cine y literatura desdeñan con frecuencia a este novel medio, sólo porque se resisten a concebir que existe un arte más rico en técnica y contenido, y lo suficientemente dinámico como para recoger, adaptar y (a menudo) mejorar recursos estilísticos y argumentales hasta hace poco reservados exclusivamente a otras áreas.

No desmerecemos en absoluto su autoridad, míster Gravett. De hecho, ser co-autor, junto a Peter Stanbury, de cuatro de las más importantes obras inglesas de teoría del cómic, tiene gran mérito. Tampoco pasaremos por alto sus frecuentes colaboraciones para The Guardian, The Times, The Independent, The Comics Journal, Blueprint y The Bookseller, entre otros tantos. Pero, ¿arriesgarse con una declaración tan cáustica y parcializada? ¿Por qué, Paul?

Esperemos, entonces, que en lo sucesivo modere su discurso. Y (¡por favor!), no se le ocurra andar diciendo por ahí que el cómic es un arte reservado sólo al hombre de imaginación más audaz y desafiante. Que son necesarias agallas para levantarse y decir que no a los grandes dinosaurios del arte. Que, por lo mismo, existen aún tantos que no se atreven a consumir obras de arte secuencial, pues se sienten tan cómodos, cobijados en el respaldo histórico y la aceptación general.
.
Divulgar tales ideas sería equiparable a cometer un suicidio académico. Y nadie es tan ingenuo.
.
Rezaremos por su alma, míster Paul Gravett.

2 comentarios:

El sin Nombre dijo...

Me parece que exageras un poco. No soy conocedor del comic ni de sus teoricos, pero el tipo al parecer solo hacia alusion a los que estan acostumbrados a las columnas de texto, es decir, un forma amable de referirse a los que no buscan nuevas formads de arte. No veo que hable del cine, por ejemplo, como tu deduces.

César Santivañez dijo...

Saludos, Sin Nombre.
Pues no, Gravett no alude en forma expresa al cine, ni a la literatura, ni tampoco creo realmente que sus afirmaciones sean tan incendiarias.
Este post fue sólo un legítimo ejercicio de mi derecho al sarcasmo. Una medicina para tragarla sin saborear.