4 de septiembre de 2008

"Tiempo y Lugar": prólogo de Fernando Ariel García para "El Eternauta" (parte III)


La Argentina real de esos años estaba gobernada por el general Pedro Aureliano Aramburú, reemplazo del general Eduardo Lonardi, cabeza visible del golpe de estado que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955. Ante el autoritarismo, la opción escogida por Oesterheld y Solano López buscaba configurar una cierta alianza de clases entre los sectores medios, los obreros, algunos miltares y los intelectuales. Este frente guardaba relación con parte del as primeras propuestas de desarrollismo encabezado por Arturo Frondizi, que resultaría presidente electo en los comicios del 23 de febrero de 1958, con el peronismo proscripto. Como muchos en la época, los autores parecen haber visto en Frondizi una posibilidad de encauzar institucionalmente las demandes sociales existentes, y de allí surgirían los apoyos explícitos que el principio de El Eternauta brinda a las candidaturas del representante de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), expuestos en sendas pintadas que dicen "Vote Frondizi" ante el ojo entrenado del lector.

Durante los dos años que duró la serialización semanal de El Eternauta (su último episodio apareció publicado en el Hora Cero Semanal N° 106, fechado el 09 de septiembre de 1959), Oesterheld y Solano López conceptualizaron simbólicamente la problemática nacional, poniendo en escena dos tensiones irresueltas que terminarían por estallar en el golpe de estado del 24 de marzo de 1976: La conformación de un modelo de país y los roles a cumplir por las Fuerzas Armadas y la clase trabajadora.

Al comenzar la aventura de Juan Salvo, la Argentina salía de la Revolución Libertadora y todavía se creía posible una articulación política que incluyera al peronismo y a un sector de los militares del mismo lado, bajo control desarrollista. Pero no fue así. Con Frondizi en el poder, los sectores más reclacitrantemente antiperonistas del Ejército, desaprobaban el acercamiento entre el presidente y Perón, mientras denunciaban una supuesta penetración comunista en la administración pública. Este enfrentamiento se tradujo en treinta "planteos" militares durante la gestión frondicista de cuatro años; y un fracasado intento de golpe de estado en junio de 1959.

El Ejército había ingresado a El Eternauta en enero de 1958, como primer encargado de encauzar la resistencia. Para agosto de 1958, depsués de haber tomado una serie inconcebible de medidas erróneas que llevaron a la tragedia de Plaza Italia, la milicia quedó completamente desacreditada para conducir cualquier proceso de cambio viable para las bases. La figura que cobró un protagonismo impensado, entonces, fue la del obrero Alberto Franco, principal capacitado para operar sobre la realidad circundante y transformar (aunque fuera momentáneamente) el balance entre sociedad y estado.

Una vez definido el liderazgo, se hizo imprescindible señalar al enemigo. Y en una corta secuencia que fue de diciembre de 1958 a enero de 1958, Oesterheld y Solano López enquistan a la base alienígena de los Ellos en la Plaza de los dos Congresos, centro mismo de la representación física del poder popular. Contundente alegoría gráfica del modelo que marcará a sangre y fuego a la Argentina futura, donde el enemigo también estará dentro de las instituciones que dirán representar al pueblo.

El paso del tiempo (o de las acciones de alguno de los hombres que lo habitaron) resignificó algunos conceptos de El Eternauta, reposicionándolos en el imaginario colectivo actual. Para este 2007, el nivel de realización personal que ostentan los protagonistas en 1957 es un claro ejemplo de lo perdido, del retroceso llevado adelante sobre (y contra) el argentino medio. Juan Salvo, ¿un empresario mediano sin sobresaltos económicos?, Favalli, ¿un profesor universitario estatal dueño de un velero?, Polski, ¿un jubilado que fabrica violines por placer? Una base real que se creía sólida e inclaudicable transmutada en pura ciencia-ficción. También se instaló la nevada mortal como metáfora del país arrasado, entregado a los intereses externos y dominado por el invasor, así como los hombres-robots y las zonas liberadas como resonancias poéticas de algunas prácticas de aniquilamiento referidas al accionar de la última dictadura.

El ejemplo que más claro grafica la recodificación ejercida por la realidad instaurada en marzo de 1976 sobre la ficción generada en 1957, sin embargo, es la marcha del ejército de la resistencia frente a las instalaciones de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA). En los '50, la misma funcionaba como un dato de color local que le agregaba mayor dramatismo a la sensación de realidad que construía la historieta. ¿Puede seguir leyéndosela de la misma manera, conociendo los hechos que acaecieron después, tanto a la Argentina como a Oesterheld?

¿Qué forja un clásico?, se interrogaron estas líneas al principio. Justamente eso. La capacidad de repensarse permanentemente, de cuestionar el tiempo ido y el presente. Su estatura de clásico se erige no por la calidad de sus respuestas, sino por la vigencia de sus preguntas. No casualmente, Oesterheld y Solano López cerraron este primer Eternauta con un "¿será posible?" que aún resuena entre nosotros.