Uno de los géneros más difíciles de tratar en el cómic es el del terror. Y no será porque no se haya tratado. En nuestra memoria quedan los míticos cómics de la E.C., que sólo últimamente hemos podido conocer, y aquellas gloriosas publicaciones de Warren: Creepy, Rufus, Vampirella... que crearon toda una manera de narrar historias, que nos presentaron a grandes maestros y que se grabaron en la psique del lector de cómics. Incluso pequeñas publicaciones como S.O.S. vieron la luz en [España], narrando historias de terror.
Sí, contar historias de miedo es muy divertido.
Pero decíamos que uno de los géneros más difíciles es el del terror. Es muy difícil provocar miedo en el lector. Con la literatura, el escritor lo intenta sumergiéndonos en el ambiente, en la descripción del entorno o de las horribles acciones. En el cine, aunque podría hacer lo mismo que la literatura -y entonces salen grandes películas de terror-, el creador se centra en el susto imprevisto, en la aparición inesperada o en la exposición cruda de higadillos. En la literatura, el lector imagina. En el cine, sólo ve, es un espectador al que se lo dan todo mascado.
¿Cómo provocar miedo en un cómic? El lenguaje del cómic va más allá del mero mestizaje entre cine y literatura, como muchos quieren ver. Sí, poseemos el elemento icónico de la ilustración, y la descripción y la prosa de la literatura. Podemos enseñarte sólo higadillos, y podemos envolverte en un ambiente inquieto, del cual te costará salir. Y el lector imagina... entre viñeta y viñeta puede ocurrir todo un mundo de horror. Y el lector es espectador, y el lector imagina el mismo mundo del autor.
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[Fragmento de "Unas historias de miedo...", prólogo de El Torres para Flinch (Tomo Único), Colección Horrorama N° 06, primera edición, mayo 2006, Recerca Editorial]

















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