20 de agosto de 2008

NYM's "Loveless": cómics, moda y algo más

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¿Qué tan lícito resulta utilizar el arte como instrumento de consumo? O, si se quiere ¿puede acaso el cómic publicitario alcanzar el status de arte?

Estas fueron las preguntas que me asaltaron instantáneamente, al llegar por una feliz coincidencia y a través de Supercómics, a la página de la afamada publicación semanal "New York Magazine". La revista, uno de los medios de prensa más reconocidos en norteamérica, incluye en su sección "New York Fashion" un peculiar catálogo de modas en forma de historieta, con guión de Brian Maruca y Jim Rugg, y dibujos de éste último. "Loveless" es el título de esta corta entrega de cuatro páginas, que se expone bajo el rótulo "Like Kafka, but with better clothes" ("Como Kafka, pero con mejores ropas"). En cada una de sus viñetas, los personajes visten prendas de última tendencia, y nos sirven de referente para saber qué estará "in" y qué no, durante la temporada de otoño en los Estados Unidos. Claro, a modo de leyenda se incluyen los precios de cada una de las piezas, los cuales (dicho sea de paso), resultan exorbitantes hasta el límite del absurdo. ¿Superficial? Ya lo veremos.


Cómic y sociedad de consumo: ¿te odio/te quiero?

El historiador australiano Ian Gordon, en su libro "Comic Strips and Consumer Culture 1890-1945", tal como bien se reseña en Filocomic, señaló de manera directa la relación entre historieta y publicidad, reconociendo a la década del '30 como el origen de esta polémica simbiosis. Los globos de diálogo, por entonces, fueron indiscriminadamente utilizados como perfectos incitadores al consumo. Pero, pregunto yo, ¿no lo son acaso hasta hoy? La respuesta a esta interrogante yace en el sonadísimo caso de aquellos gigantes metálicos capaces de transformarse en automóviles, aeronaves y demás. Sí, señores, no olvidemos que los Transformers, hoy objeto de culto por sí mismos, fueron incialmente una serie de juguetes japoneses-norteamericanos que la Marvel Cómics, en una inteligente artimaña comercial, llevó a la historieta durante la década de los ochentas, para acrecentar las ventas del producto. El truco resultó, claro está, y de qué manera. Gracias a este "inocente" recurso inicial, se fue creando paulatinamente el universo transformer, el cual congrega en la actualidad a cientos de transfans que continúan comprando y comprando las figuras de acción, viendo las películas, y leyendo los cómics de los héroes de Cybertron. Quizás una de las mejores campañas publicitarias que jamás se hayan visto.

Pero (y aquí viene lo paradójico del asunto) ¿acaso no es el cómic mismo un objeto de consumo? El cómic-book es, además de una forma de arte, un producto, y esta es una verdad irrefutable. Todos nosotros, lectores de historietas, consumimos los artículos que mes a mes nos ofrecen las editoriales existentes en el mercado. Más aún, los valorizamos de acuerdo a su antigüedad, disponibilidad y estado de conservación. Tanto Marvel como Dc, Dark Horse, Top Cow y demás, nos entregan artículos impresos que son el resultado de un sesudo estudio de mercado, el cual determina cuáles son los títulos y tendencias con más aceptación entre el público. Más aún, el crossover es, muy a menudo, una estrategia de marketing. Conclusión: el cómic sí tiene una naturaleza consumista, le duela a quien le duela. El arte de la historieta es también el arte de la publicidad. El arte sí puede ser utilizado válidamente como instrumento de consumo, y así podemos suspirar aliviados, habiendo llegado a nuestra primera respuesta.


"Loveless" y el precio de sus mensajes ocultos.

Son sólo cuatro páginas, las de la mencionada obra Maruca/Rugg que da pie a esta nota. Cuatro páginas que, estilísticamente, bien podrían remitirnos a la oscura simplicidad de Daniel Clowes en Eightball, de Jaime Hernández en su "Love and Rockets", y de tantos otros grandes del cómic independiente.

En sí, la trama de "Loveless" se resume en un encuentro romántico. Edgar, el protagonista, deambula desencantado y solitario, por las calles de una ciudad ajena a los problemas emocionales de sus habitantes. Decide no embarcarse nunca más en una relación, y de ahí el título de la obra ("Sin Amor"). No obstante, termina por conocer a la simpática Maddie en el subterráneo, gracias a un extraño incidente con una cucaracha. En palabras del propio Edgar: "¿Quién hubiera imaginado que un insecto común sería el puente entre mi antigua vida, y la nueva?".

Pero, lo que él no supone, es que la cucaracha es más que una mera coincidencia: es un símbolo de él mismo, un Samsa urbanizado que lucha en vano por cerrarse ante el mundo, ante la gente. Al desaparecer el insecto, desaparece también su antiguo yo, y lo primero que ve con sus nuevos ojos es a Maddie, sonriéndole. En esta nueva versión de "La Metamorfosis", Samsa acaba por volver a su forma humana. O, por lo menos, en cierta medida.

Edgar y Maddie empiezan a ser felices y aprenden a vivir sin sobresaltos, hasta llegada la última página de la historieta, en que todo cambia por completo. La hermosa y amable niña cobra su verdadera forma, la de un insecto gigante, en un homenaje breve y quizás un tanto atropellado, al horror pop de las historias de la EC Comics y afines. Una cosa nos queda clara, entonces, tras el beso final de Edgar y la Maddie-insecto: todos somos Gregorio Samsa. Además:

a) Todos, en el fondo, somos outsiders que se empeñan en fingir ser diferentes para lograr la tan ansiada aprobación.

b) Todos somos bellos, por dentro. Y esta es la paradoja que más nos sorprende, si tenemos en cuenta de que lo que acabamos de leer no es más que un simple catálogo de modas, supuestamente el máximo estandarte de la superficialidad y el consumismo. He aquí el mensaje oculto de "Loveless".

Y ahora, ¿cuál será la próxima prenda que elijas cuando vayas de compras al centro comercial?

4 comentarios:

raul dijo...

siempre supe que los comics de alguna manera te envolvian en una suerte de consumismo que uno mismo no podia entender en un principio pero luego lo entendias: los dibujos, la historia, los colores, los autores; en mi caso hicieron que me volviera adicto a mas comics, queria tenerlos todos y de todos los tipos, buenos y malos, hubo un momento que me quede sin un sol por querer tener mas, pero ahora mas consiensudo solo compro lo que considero lo mejor y en castellano.
saludos.
p.d. tengo una primera parte de un articulo escrito por Mike Gold en 1987 para The Question Nº1, es de como se dio inicio a la serie, las ideas y el concepto, esta en word, puedo enviartelas a tu correo si me lo das.
comicreativo@yahoo.com
www.raulrichard3d.blogspot.com

César Santivañez dijo...

Como bien dices, Raúl, todo friki es también un consumidor voraz. Habría que distinguir dónde termina el hobbie y dónde empieza el vicio.
Lamentablemente, habemos algunos fanáticos que nos reconocemos hasta las rodillas de obsesionados, y aún así seguimos desembolsando, o fantaseando acerca de cuál será nuestro siguiente ejemplar.
Pregunto yo, habrá algún grupo de ayuda para esto? Pues, si no lo hay, me estoy animando a formar uno... así sacaría algún dinero extra para comprar más cómics! Re-Plop!

HellShaman dijo...

Estimado, ingresé a su blog gracias al comentario que dejaste en el blog de la ConComics.
Te felicito, es un excelente blog, del que no tenía idea que existía... espero sigas así y te invito a pasarte por mi blog de historietas chilenas, donde hago reseñas de las historietas de mi país, a ver si me dejas algún comentario o te gusta tal como me ha gustado tu blog...

SALUDOS!!!

César Santivañez dijo...

De hecho, HellShaman, y como ya te habrás podido dar cuenta por mi comentario en tu espacio, toparme con el blog de historietas chilenas fue toda una experiencia. Felicitaciones, y gracias por tus palabras!